Aquel día sus manos recorrieron mi cuerpo sin que nada importase. Dentro de mi cabeza, en vez de estallar miles de dudas, preguntas o temores, no podía dejar de repetir, bésame, bésame, bésame. Pero no lo hizo, se limitó a acariciar mi vientre y mi espalda, acercándose cada vez más a mi pecho, como en un juego para ver hasta dónde podía llegar.
Al final no aguanté más y la besé. Sin decir nada nos besamos toda la noche, nos acariciamos y nos calentamos, hablando claramente, pero no pasó nada más. Aunque teniendo en cuenta que nunca me había liado con una mujer, ya era un paso bastante grande. Más tarde entró alguien en la habitación que compartíamos con otras cuatro chicas. Ella se fue para su cama y todo quedó ahí. Sólo recuerdo que me dormí con una sonrisa en los labios.
Al día siguiente fue un poco raro, ella se levantó antes que yo, estaba en la cafetería tomando un café, no hablamos del tema pero se nos escapaba la risa. Al volver a la habitación ella me dijo que se arrepentía, porque era muy típico que la amiga hetero se liase con la amiga lesbiana para experimentar, a lo que yo respondí con un beso que dio paso a una relación de año y medio. Al principio con sus más y sus menos, luego con la distancia y ahora con el día a día.
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Di k si. arriba el rollo bollo